
Por aquellos años, Piet Mondrian tenía su estudio en el 26 de la Rue de Depart, un lugar «apasionante y lleno de luz» en palabras de Alexander Calder, que le visitó en una ocasión.
El día de su visita, distribuidos por la pared, había un montón de cartones rectangulares coloreados, y hasta el gramófono había sido pintado de rojo y aparecía como un rectángulo más.
Impulsivamente, Calder le sugirió que sería divertido si esos rectángulos oscilaran; Mondrian le contestó «No hace falta, mi pintura ya es de por sí muy veloz»
La omnipresencia de módulos coloreados aquí y allá, incluyendo el mobiliario del local, provocó un gran impacto en Calder; aquello era como una especie de cuadro total, que lo abarcaba todo y que parecía dinámico por la constante redistribución de cartones y muebles; literalmente, el arte se había desparramado a nuestro alrededor y se recomponía una y otra vez al mover los cartones y objetos.



32 años tenía Calder cuando esto ocurrió; él mismo nos cuenta en sus escritos que aquel día comprendió por primera vez el significado de lo abstracto y cómo las cualidades dinámicas y la velocidad pertenecían por pleno derecho a la obra de Arte.
En años sucesivos, Calder desarrolló esta intuición en la escultura de módulos coloreados, dotándolos de movimiento y creando así la Escultura Cinética.

En ESCUELALIMÓN trabajamos con los niños la idea de activar el espacio creando una obra de Arte total a partir de imágenes del estudio de Piet Mondrian en el 26 de la Rue de Depart.

