Un físico teórico es aquel que, interpretando los datos que tenemos, deduce realidades que existen pero aún no conocemos.
Ejemplo: en 2012 pudimos observar por fin el bosón, la partícula elemental que Higgs vaticinó nada menos que 48 años antes, es decir, en 1964.
A ojos de todo el mundo, William Turner es solo un magnífico pintor, pero siempre que veo sus cuadros me recreo pensando en su enorme intuición. A mí me parece que era un físico teórico que no sabía que lo era.
Seguramente sabréis que la física actualmente está en condiciones de asegurarnos que estamos formados por átomos que en sí mismos son casi totalmente espacio vacío; que la dureza y opacidad de la materia son solo una ilusión.
Lo más asombroso, lo increíble, es que William Turner nos explicó esto mismo unos cuantos años antes, ¡en 1775! Nos dejó a todos boquiabiertos con sus paisajes transparentes. En ellos el mundo conocido se disuelve en una realidad evanescente y vacía, que nos deja su rastro de color como recuerdo. Turner o el arte de explicar la materia por su energía, sus ritmos, sus cadencias de color. Nunca por su seguridad visual o sus formas concretas. Este es Turner.
Y al final, muy al final, cuando la obra ya está terminada, se da el capricho de anotar algo conocido: la vela de un barco, el dique de un puerto, un horizonte… quedando siempre claro que lo único que tenemos es la realidad transparente de la materia.
Animemos a los niños a pintar sin bordes, a pintar el aire, la atmósfera, la lluvia y la tempestad. Que se arriesguen y no se centren en lo inmediato, lo conocido. Arrastremos la pintura, hagamos veladuras y salpicados, representemos un mundo de átomos casi vacíos. Representemos nuestro mundo tal y como es.
